1. Forma y significado

    2- Metonimia

    La metonimia se basa en la asociación y no en la comparación. Muchas veces no existe una comparación obvia. En Ap 1.18, por ejemplo, la palabra «llaves» se emplea metonímicamente para referirse a «autoridad, poder». La expresión «beber del vaso» (Mt 20.22) con la que se alude al sufrimiento de Cristo, pertenece también a esta categoría. Lo mismo se aplica a la expresión neotestamentaria «la ira venidera» (Mt3.7), donde «ira» simboliza «juicio».

    En la Biblia, la metonimia suele usarse para designar «la parte por el todo». En el hebreo del Antiguo Testamento, el término «alma» se usaba con el sentido de «persona completa». «Mi alma» solía ser un equivalente de «yo». Otro ejemplo bien conocido se encuentra en Is 52.7 (RVR): «¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas...!».

    También podemos distinguir casos de metonimia donde sucede lo opuesto: se designa «el todo por la parte». En las traducciones más literales, Jn 12.19 dice: «...el mundo se va tras él». Aquí, «el mundo» realmente significa «casi todos». Cuando Pablo aconseja a Timoteo diciéndole «...no bebas agua, sino usa de un poco de vino…» (1 Ti 5.23), lo que quería decir era «no bebas agua solamente...». A veces a esta clase de metonimia se le llama hipérbole.

    No todos los idiomas pueden adoptar ese uso figurado del lenguaje sin perder una parte del mensaje o confundirlo a la hora de comunicarlo. A veces, no es posible descubrir expresiones figuradas opcionales. En esos casos, el traductor se verá forzado a traducir la metáfora en el lenguaje no figurado.